Breve actualización
Me vine a vivir a Uruguay por unos meses; pero antes de venir descubrí varias cosas.
Tuve mononucleosis. La mononucleosis es causada por el virus de Epstein-Barr. Dura aproximádamente tres a cuatro semanas. Los síntomas son realmente horribles. Para mí, lo peor era la FATIGA, lo peor que me ha pasado. Me fatigaba de solo lavarme el pelo, pararme! mirar la televisión. REÍRME (no es chiste). Ese síntoma puede durar más tiempo, bastante más.
Pero la conclusión es que me sentía muy mal. Muy muy MUY mal. Tenía miedo de que dure para siempre, no se iba más. Y vieron que dicen que el cerebro tarda 21 días en habituarse a algo? Bueno, masomenos la misma cantidad de tiempo que tuve los síntomas de la mononucleosis y mi cabeza estaba bastante concentrada en OTRA dolencia u otro malestar que no era el de cuello o cabeza.
Coincidentemente con este suceso, y a pesar de haber tenido que dejar de tomar toda mi medicación (porque entre la medicación y la mononucleosis mis enzimas hepáticas estaban por las nubes), mi dolor merma.
Impensado.
Merma considerablemente.
Como para ser notorio, para ser remarcado como lo estoy haciendo en este momento.
Ahora cada tanto tengo dolor, pero tengo un dolor intrínsecamente relacionado con un esfuerzo, una situación de tensión reconocible por mí. Y aunque no puedo decir que esto de los 21 días de habituación tenga a ciencia cierta algo que ver, how cool, huh?
No voy a mentir ni a decir que no tengo miedo de volver a sentir los niveles intensos de dolor que sentí alguna vez. Porque cuando tengo dolor tengo miedo. De que no se vaya, de que dure insoportablemente.
En este momento tengo dolor, nunca no tengo dolor. Pero esto para mi fue un avance.
Y además me di cuenta de otra cosa, en situaciones así está bueno analizar un poco más el todo. Qué relación tenemos con el dolor?
Yo hasta el año pasado me cortaba los dedos por placer. Con cuchillos. Siempre tenía cortaduras en todos los dedos. Imagínense lo que era la época de covid con el alcohol. Por eso desde antes de la pandemia tenía una obsesión con lavarme constantemente las manos, para no infectarme los cortes o agarrarme ALGO.
Era tan común en mí que mis más allegados lo habían normalizado tanto como yo. Mi familia, mis amigos, mis parejas. Podíamos tener una charla tranquila mientras yo me cortaba los dedos.
Desde que tengo uso de razón que hacía esto. Cuando era chiquita, con sábanas, esas no cortaban. Cuando fui más grande, con hojas del colegio. Y eventualmente terminó en los cuchillos, y yo realmente lo veía como un mimo. Yo no veía al cuchillo, ni aunque los dedos me sangrasen, como una lesión, como una auto-agresión física. Lo veía como un mimo, le tenía cariño. Había todo un ritual en torno al hábito que se llamaba "hacer cintinta".
Y también era una especie de obsesión y una neurosis muy convulsiva. Los cuchillos eran especiales. No era cualquier cuchillo. Estaban repartidos en lugares estratégicos de la casa. No se usaban para comida. Eran únicamente para cintinta. Y si yo los veía NO PODÍA contenerme de agarrarlos y usarlos.
Yo los veía como un canalizador de ansiedad. Y como un mimo.
Por otro lado, tengo un problema con el placer. Por ejemplo, de índole sexual. Me siento incómoda al estar recibiendo placer si no está directamente relacionado con algo que de alguna forma proporcione un dolor o una agresión.
Todo esto para decir que quizás mi forma de relacionarme con la vida en muchos aspectos era (o sigue siendo aún de alguna forma) a través del dolor, y mi cerebro está acostumbrado a esto. Y ya tiene un umbral alto.
Si me remonto a mi infancia, mis primeras experiencias con el dolor fueron totalmente traumáticas, a través de una fractura de codo que tomó 3 operaciones y duró años de rehabilitación y tratamiento. Si pienso que para calmar esos dolores ya a los cortos 6 años tenían que darme morfina, cómo puedo esperar que ese umbral no haga otra cosa que resentirse y recordar al dolor de una forma tergiversada a su emisión original y generar cada vez más tolerancia?
Plasmo aquí una frase que repito a lo largo de mi vida porque aplica a mucho y creo que también a esto:
Hay prisiones dulces.
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